La Doctrina del Centro

El Centro. En las Artes Marciales Filosóficas, el concepto de Centro es fundamental, muchos maestros hablan de “mantener el centro”, de “no dejar el centro”, “concentrarse” y así sucesivamente, innumerables formas de expresar esta parte fundamental de la verdadera práctica de las Artes Marciales.
 ¿Pero que es el Centro? ¿Es un lugar físico? ¿El centro del dojo? ¿Es el equilibrio del cuerpo? ¿De qué Centro hablamos cuando nos referimos a él?
 En las Artes Marciales Filosóficas, cuando se habla del Centro no se refiere ni a un lugar físico ni es algo relacionado con el cuerpo del practicante.
 
El Centro es una posición interna, una actitud filosófica y espiritual ante la vida. El centro es mantener el dominio de uno mismo ante las circunstancias, cualesquiera ellas sean. Por ejemplo, en combate, cuando recibimos un golpe “tonto” o cuando alguien de menor grado nos golpea, se nos transforma el rostro, el caballo del orgullo sufre el impacto e inmediatamente trata de volver a lucirse, ya sea por la imposición física o denigrando al otro; eso indica que se ha “perdido el centro”.
 
La persona que está centrada no reacciona ni con furia ni con desazón, no busca la revancha ni rehuye del combate, esta persona se controla a sí misma, busca en su interior donde estuvo su error, y procura corregirlo y mejorarse, esta es su victoria, es la victoria sobre sí mismo.
El centro es algo que requiere disciplina y esfuerzo constante, y una vez adquirido debe lucharse por mantenerseen el. ¿Por qué? Simplemente porque no somos capaces de mantenernos concentrados y atentos a nuestro interior en todo momento. Porque requiere atención y cuidado permanentes, de las emociones, los pensamientos y de nuestras acciones.
 
Adquirirlo no es una cuestión solo de decir “Estoy centrado, estoy tranquilo”, es vivirlo, es estarlo y actuar en consecuencia a esa posición interna. Tampoco es algo que solo debamos tener mientras estamos en el dojo, practicando con nuestros maestros y nuestros compañeros. Es algo que debemos llevar afuera, y con él enfrentar las dificultades que se nos presentan. Por ello cuando la Filosofía ilumina las Artes Marciales se transforma en un camino de vida, un DO, porque hacen del hombre alguien mejor, hacen del practicante un hombre de bien, que sabe controlarse, que sabe que es lo justo y lo correcto, y que siempre dará buen uso a los conocimientos que posee.
 
No es algo que se nos pueda dar, es algo que depende pura y exclusivamente del esfuerzo individual. No puede venir una fuerza exterior y “ponerme en el centro”. Requiere que haya una voluntad y un accionar del individuo en pos de ello. Requiere también de buenos Maestros que nos muestren cuál es el camino, que lo iluminen porque ellos ya lo han recorrido y conocen algunos de sus agujeros y vueltas, en los que ellos ya han caído y de los cuáles se han recobrado. Por supuesto que es inevitable que el practicante sufra caídas y golpes varios en ese camino, pero también ellos son importantes para el crecimiento, porque son esas caídas y golpes los que enseñan a sobreponerse a las dificultades, son los “regalos velados” que la vida nos entrega, para que podamos practicar como mantenernos EN EL CENTRO, una y mil veces.

Andrés da Silveira

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